Localidad: Pozo Almonte
Edad: 39 años
Experiencia como cuidadora: 13 años
Técnica o emprendimiento: Confección de carteras y accesorios de mostacillas
La experiencia de Gissel como cuidadora comenzó en 2018, cuando su abuela sufrió una caída que le fracturó la cadera. Tras la operación, la llevó a vivir a su casa y asumió sus cuidados. Con el paso del tiempo, la situación se volvió más compleja: a los dos años su abuela fue diagnosticada con Alzheimer y Gissel tuvo que aprender, desde cero, cómo realizar aseos, curaciones y acompañamiento en la vida diaria.
Paralelamente, también enfrentaba otro desafío: su hija, hoy de 13 años, fue diagnosticada con condición del espectro autista. Durante años, Gissel no comprendía por qué su hija reaccionaba con crisis ante ruidos fuertes. Tras el diagnóstico, buscó terapias, apoyó al colegio con estrategias y acompañó a su hija en el proceso de adaptación. Hoy, gracias a este esfuerzo, su hija se controla mejor, utiliza tapones o audífonos en eventos ruidosos y participa con más confianza en la escuela.
Actualmente, Gissel cuida a ambas: su abuela, en situación de dependencia total, y su hija, que sigue desarrollando herramientas para su autonomía. Esto la ha enfrentado a múltiples desafíos: dificultades económicas, falta de información clara tras los diagnósticos y la necesidad de capacitarse por su propia cuenta. Ella misma lo resume así:
“Cuando recibí los diagnósticos me sentí perdida, nadie te explica qué hacer. Pero fui aprendiendo poco a poco, escuchando a otras personas cuidadoras y recogiendo experiencias. Me llamo a mí misma la ‘mamá esponja’, porque todo lo que sé lo absorbí de quienes ya habían recorrido este camino”.
A pesar de todo, Gissel no ve su experiencia solo como una carga, sino como un proceso de adaptación y crecimiento familiar. “Nos hemos organizado, nos complementamos y me siento feliz con la familia que tengo”, afirma con orgullo.
Además, encontró en las manualidades una motivación personal y un proyecto de futuro. Su idea de negocio consiste en confeccionar carteras con cuencas similares a mostacillas, además de aros, pulseras y collares. Siempre había tenido la inquietud, pero no se sentía capaz. Fue en un taller de greda del programa que descubrió su talento y recibió el impulso que necesitaba:
“El programa me dio ese empujón que me faltaba para lanzarme con todo”.
Su mensaje para otras personas cuidadoras refleja su fortaleza y esperanza:
“Siempre hay que mirar hacia adelante. No tener miedo de preguntar, equivocarse o empezar de cero. Lo importante es aprender, tocar puertas y buscar las herramientas para seguir avanzando”.


