Biografía Cuidadores/as

Andrea Isabel Vargas San Martín

Localidad: Pozo Almonte
Edad: 42 años
Experiencia como cuidadora: 12 años
Técnica o emprendimiento: Alfajores artesanales

La experiencia de Andrea como cuidadora comenzó tras el nacimiento de su primer hijo. Antes del año, el niño enfermaba con frecuencia y presentó un retraso en su desarrollo psicomotor: no controlaba la cabeza, no gateaba y, finalmente, fue diagnosticado con autismo severo. Andrea tomó una decisión difícil: dejar su trabajo para dedicarse completamente a su cuidado, acompañarlo en los múltiples exámenes médicos y enfrentar un largo proceso de hospitalizaciones e incertidumbre.

El camino no se detuvo ahí. Años después, su hija menor también recibió un diagnóstico de autismo, con retraso en el lenguaje y selectividad alimentaria. Andrea la acompaña en controles médicos y en el inicio de terapias con profesionales del centro integral, mientras su hijo mayor asiste a un colegio especial en la comuna de Pica, donde ha mostrado avances significativos, como aprender a leer y realizar actividades que antes no podía.

Los mayores desafíos que ha enfrentado han sido el estrés, la falta de apoyo familiar y comunitario, y el impacto emocional de recibir dos diagnósticos en sus hijos. “Al principio sentí mucha tristeza, me cuestionaba todo. Pasábamos en el hospital sin respuestas claras y la angustia me ganaba. Luego vino la depresión postparto tras el nacimiento de mi hija. Hoy ya no tengo depresión, pero vivo con un estrés agudo por las situaciones que enfrento cada día”.

Su rol como cuidadora también ha significado dejar de lado su propia vida personal y laboral: “He postergado todo por mis hijos. Hoy no puedo trabajar ni hacer cosas que me gustaría, porque no tengo redes de apoyo. Pero mis prioridades son ellos”.

En medio de estas dificultades, Andrea ha encontrado un camino de esperanza en el emprendimiento. Desde hace un tiempo elabora alfajores artesanales, que ya ha comenzado a vender a personas conocidas. “Este programa me dio el impulso que necesitaba. Estoy con todas las ganas y las pilas para seguir adelante. Es un inicio, pero de a poco se empieza a ganar”.

Su mensaje para otras personas cuidadoras es claro y lleno de resiliencia:

“Hay que salir adelante, luchar por la persona que uno cuida para que logre ser más independiente. Aunque todo se vea muy malo, nunca hay que rendirse. De a poco las cosas empiezan a mejorar, siempre se puede avanzar”.

Biografías Cuidadores/as